Cómo usar la calefacción sin gastar de más
Ajusta la calefacción al horario de casa, usa 20–21 °C como referencia del IDAE y reduce las pérdidas de calor. El ahorro depende del aislamiento y los hábitos de cada vivienda.
Por la redacción de Veridia

Foto: Shixart1985, CC BY 2.0, Wikimedia Commons
La respuesta corta
- En una vivienda, el IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, un organismo público) recomienda ajustar la calefacción al horario de ocupación y apagarla por la noche.
- Como referencia, propone 20–21 °C cuando hay personas en casa; cada grado adicional puede aumentar el consumo alrededor de un 7 %, según IDAE.
- Ventila unos minutos, cierra persianas al anochecer y evita tapar los radiadores.
Para reducir el consumo sin dejar de estar cómodo, empieza por ajustar el horario y el termostato a cómo usas la casa. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) aconseja mantener una temperatura de 20–21 °C y apagar la calefacción por la noche; si la vivienda pierde mucho calor, puede ser necesario adaptar esa pauta.
Ajusta el termostato y los horarios
No hay una temperatura idéntica para todas las casas: influyen el aislamiento, la humedad, la actividad y la salud de quienes viven en ella. Usa los 20–21 °C como orientación de IDAE, no como obligación. Subir el termostato varios grados para calentar más deprisa no hace que la vivienda alcance antes la temperatura deseada: solo fija una temperatura objetivo mayor.
Programa la calefacción para las horas en que realmente ocupas las habitaciones. IDAE recomienda apagarla mientras duermes y encenderla por la mañana después de ventilar. Si sales unas horas, bajar el termostato puede evitar mantener la casa a temperatura de confort cuando está vacía.
Reduce las pérdidas de calor
Ventila abriendo las ventanas unos pocos minutos y vuelve a cerrarlas antes de encender la calefacción. Por la noche, baja persianas y cierra cortinas para reducir la pérdida de calor por las ventanas. Mantén los radiadores despejados: cubrirlos o colocar muebles delante dificulta que el calor se reparta.
Si tienes radiadores de agua, comprueba al inicio de la temporada si necesitan purgarse y revisa la caldera según las indicaciones del fabricante. Un termostato programable o válvulas termostáticas pueden ayudar a controlar mejor la temperatura por horarios y habitaciones. El ahorro real depende de la vivienda y del uso previo.
Cuándo conviene adaptar estas pautas
Si hay bebés, personas mayores, enfermedades o una vivienda con mal aislamiento, prioriza la salud y el confort y consulta recomendaciones adecuadas a ese caso. Las cifras de ahorro son estimaciones generales de IDAE, no una garantía sobre la factura de cada hogar. Revisa también las instrucciones del sistema de calefacción que tengas instalado.
Un plan sencillo para esta temporada
Las recomendaciones sueltas se olvidan; un orden de trabajo, no. Antes de que llegue el frío, dedica una tarde a repasar la casa y la calefacción siguiendo estos pasos, de lo más barato a lo más costoso:
- Mira cómo la usas. Durante una semana apunta a qué horas hay alguien en casa y en qué habitaciones. Suele sorprender lo poco que se usan algunas estancias y lo mucho que se calientan.
- Ajusta el termostato a esa realidad. Fija la temperatura de referencia para las horas de presencia y una más baja para cuando la casa está vacía o duermes.
- Revisa los radiadores. Comprueba que están despejados, que calientan por igual de arriba abajo y que no hacen ruidos extraños. Si notas aire dentro, consulta nuestra guía para purgarlos.
- Cierra las fugas de calor. Pasa la mano por los marcos de puertas y ventanas en un día de viento: si notas corriente, hay un punto por el que se escapa el calor y entra el frío.
- Valora una mejora mayor solo cuando los pasos anteriores estén hechos, porque así sabrás cuánto margen te queda de verdad.
Errores habituales que encarecen la factura
Hay costumbres muy extendidas que parecen razonables y no lo son. Estas son las más frecuentes:
- Subir el termostato al máximo para ir más rápido. Como se ha explicado, el termostato solo marca la temperatura que se quiere alcanzar, no la velocidad a la que se llega. Lo único que consigues es pasarte de la temperatura que querías.
- Dejar la ventana abierta mucho rato. Ventilar es necesario, pero basta con unos minutos. Una ventana entreabierta durante horas enfría las paredes y los muebles, y después cuesta mucho más volver a calentarlos.
- Cubrir los radiadores. Secar la ropa encima o poner un sofá delante impide que el calor se reparta por la habitación.
- Calentar habitaciones que no usas. Si hay una estancia vacía durante todo el día, cerrar la puerta y bajar su radiador evita gastar en un espacio que nadie ocupa. Eso sí, no la cierres del todo si es una zona con tendencia a la humedad, porque necesita algo de ventilación.
- Confiar solo en la cifra del termostato. Si la casa tiene corrientes, la sensación de frío no depende solo de la temperatura. Tapar las fugas hace que los mismos grados se sientan más cálidos.
Cómo saber si tu casa pierde mucho calor
Hay señales fáciles de reconocer sin medir nada. Si las paredes exteriores se sienten frías al tacto incluso con la calefacción encendida, si los cristales se empañan con frecuencia o si hay una habitación que nunca llega a la temperatura de las demás, es probable que el aislamiento sea mejorable. En ese caso, subir la calefacción no es la solución: solo gastarás más para compensar una pérdida constante.
Una forma práctica de comprobarlo es fijarse en cuánto tarda la casa en enfriarse después de apagar la calefacción. Si en poco tiempo se nota el frío, el calor se está yendo con rapidez. Entonces conviene valorar mejoras como burletes en puertas y ventanas, cortinas más gruesas o, a medio plazo, una revisión del aislamiento por parte de un profesional. El IDAE publica información sobre mejoras de la envolvente térmica de la vivienda, y es un buen punto de partida antes de pedir presupuestos.
Cuándo llamar a un profesional
La mayoría de estos ajustes los puedes hacer tú, pero hay situaciones en las que es mejor pedir ayuda. Si la caldera hace ruidos nuevos, pierde presión con frecuencia, se apaga sola o huele raro, no intentes arreglarla por tu cuenta: avisa a un técnico autorizado. Lo mismo ocurre con cualquier sospecha de fuga de gas o de mala combustión, que es un tema de seguridad y no de ahorro. Y si vives de alquiler o en una comunidad con calefacción central, consulta antes con el propietario o con la administración, porque algunas decisiones no dependen de ti.
Por último, recuerda que ahorrar no debe ir en contra de tu salud. Si en casa hay personas especialmente sensibles al frío, es razonable mantener una temperatura algo más alta y compensarlo reduciendo las pérdidas de calor, que es donde se desperdicia la energía.
Fuentes
- IDAE: recomendaciones de ahorro energético en hogares, pautas de calefacción, ventilación y temperatura.
- IDAE: cómo gestionar la calefacción sin reducir el confort, horarios, temperatura orientativa y consumo.
Revisado por la redacción de Veridia el 31 Oct 2026


